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La liposucción, también conocida como lipoescultura, es una intervención quirúrgica a través de la cual se extrae la grasa corporal acumulada en distintas zonas del cuerpo. A diferencia de lo que muchos creen, no se trata de una operación para acabar con la obesidad, sino de una técnica quirúrgica para eliminar la grasa sobrante y moldear el cuerpo.

En qué consiste una liposucción

Esa extracción de tejido adiposo, habitualmente de zonas como el abdomen, los brazos, las nalgas, la papada, los muslos o la cadera, se suele llevar a cabo bajo anestesia local, si bien también se puede realizar bajo la epidural o la general.

Sea como fuere, la intervención comienza con la introducción de una jeringuilla especial que, conectada a una máquina, va extrayendo la grasa de la zona en la que es colocada. Esta operación suele tardar entre una y dos horas. Dada la cantidad de líquido que pierde el paciente es habitual que, mientras se lleva a cabo, se le administren líquidos vía intravenosa.

Una vez finalizada la operación, es habitual que los pacientes pernocten en las instalaciones hospitalarias durante dos o tres días. La razón no es otra que la revisión del equipo médico que debe cerciorarse de que no se forman edemas, no se inflama la zona tratada o se tiene bajo control el dolor y el sangrado, antes de darles el alta médica para que vuelvan a casa.

Durante estos días se suele llevar a cabo un tratamiento consistente en la aplicación de un vendaje compresivo para ayudar a la piel a volver al lugar deseado. Vendaje que habrá que llevar durante 15 o 20 días, para posteriormente portarlo solo un día durante alguna que otra semana más.

Y es que, después de una liposucción, la piel que rodeaba esa grasa extraída no desaparece, teniendo que ir poco a poco recuperando su lugar, lo que en algunos pacientes, sobre todo en aquellos donde la intervención es más agresiva, acaba requiriendo una nueva cirugía, en este caso plástica reparadora, para rellenar esa piel sobrante o retirarla.

No obstante, los cirujanos siempre explican a sus clientes que este tipo de operaciones requieren de una recuperación relativamente lenta, que exige el reposo de entre medio mes y un mes, en función de la zona intervenida y que debe ser especialmente seria durante los primeros días días en los que se portarán puntos. Es también importante conocer que, tras la operación y la vuelta a casa, los hematomas permanecerán durante varios meses, por lo que no hay que preocuparse si se ve que estos continúan varios meses después de la liposucción.

En términos de riesgo, esta es una operación de riesgo relativamente bajo, siempre y cuando se cumplan con todos los requisitos exigidos por el equipo médico que nos va a tratar. En el peor de los casos, tras la operación se puede experimentar una infección, la aparición de cicatrices, alguna asimetría o, como hemos comentado antes, áreas de piel sobrantes. Problemas, todos ellos, que se pueden solucionar, a priori sin mayores complicaciones.

Por último, recordar que el candidato idóneo es aquel que presenta informes médicos que confirman que goza de buena salud, independientemente del sexo o la edad del mismo. Sin embargo, la liposucción no está recomendada en aquellos pacientes que padezcan problemas circulatorios, cardíacos o respiratorios.

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