Disfunción eréctil y eyaculación precoz: Diferencias, cómo tratar y cómo prevenirlas

Si hay dos temas que son comunes en el capítulo de salud sexual en los hombres son dos. La Disfunción eréctil y la eyaculación precoz.

Tal y como han puesto de manifiesto distintos estudios nada más y nada menos que cuatro de cada diez hombres sufriría a lo largo de su vida algún capítulo de alguno de estos dos tipos de problemáticas sexuales, teniendo como consecuencias, además de las dificultades evidentes para poder mantener relaciones, otras tantas de índole psicológico con una afectación evidente a la autoestima, con lo que ello lleva aparejado consigo.

Si en algo coinciden los médicos de todo el mundo entorno a ambos asuntos es que la detección precoz de estos problemas es el camino más corto para encontrarle un remedio a través de los distintos tratamientos aplicables a cada caso para paliar estas disfunciones lo antes posible.

En relación a la disfunción eréctil algunos de los tratamientos más vanguardistas son los de uso tópico para la disfunción eréctil de Casen Recordati combinado con el tratamiento psicológico, teniendo una gran respuesta en pacientes de reciente aparición y cuyo nivel de afectación de la patología es leve.

Entrando en harina, se conoce como disfunción eréctil a la “incapacidad de conseguir o mantener una erección lo suficiente para permitir una relación sexual satisfactoria”. Así pues, es capital recordar que padecer problemas relacionados con la erección a lo largo de la vida es muy común, sobre todo como consecuencia de cuadros de estrés o tras el inicio de distintos tratamientos farmacológicos. Dicho esto, sólo podremos empezar a intuir que se trata de un problema de disfunción eréctil cuando estos pasajes sea recurrentes y más allá de la finalización de los capítulos de estrés y de los tratamientos médicos.

En cuanto a los tipos de disfunción eréctil encontramos por un lado la vascular, que la que está relacionada con los problemas para atraer y almacenar la sangre en el pene que provoca la erección; la neurológica cuando los problemas están relacionados con la transmisión de los estímulos que el cerebro y la médula espinal; la hormonal, cuando el descenso de la presencia de la hormona masculina tiene como consecuencia una DE; como consecuencia del consumo de medicamentos; muy habitual en pacientes con cuadros de hipertensión o depresión; y la psicológica, surgida del miedo a no conseguir estar a la altura, a raíz de problemas conyugales, depresión, estrés y algunas patologías de índole psicológico.

En cuanto al perfil de los diagnosticados con DE, estos se estiman en menos del 10% en hombres de entre 40 y 50 años, menos del 40% de entre 60 y 70 y en más del 50% en aquellos varones de de más de 70 año.

El asunto de la eyaculación precoz, que no es otra cosa que la falta de control sobre el reflejo eyaculatorio; por tanto, es un trastorno de la fase del orgasmo durante la relación sexuales, sin embargo, suele ser de índole psicológico en casi la totalidad de casos estudiados. El miedo al fracaso en las relaciones, la falta de cadencia en las mismas y situaciones de estrés o depresión también pueden afectar a la EP. Además, distintas infecciones urogenitales de la uretra posterior y de la próstata, así como de alteraciones de tipo neurológico, trastornos degenerativos, alteraciones vasculares, y la ingesta de fármacos también pueden alterar los mecanismos de control en este asunto.

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